Desmontando varios mitos del cambio climático

05/07/2017

Redacción Línea Verde

Dice un refrán que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, y a pesar de las múltiples evidencias científicas, todavía existe una parte de la población que niega el cambio climático apoyándose en falsos mitos y mentiras repetidas una y otra vez. ¿Cuáles son estos argumentos negacionistas más empleados por los escépticos y cómo se pueden desarmar? A continuación te mostramos algunos de los ejemplos más extendidos y su respuesta basada en la investigación de la realidad.

Los volcanes emiten a la atmósfera más CO2 que la actividad humana

Es cierto que los volcanes arrojan dióxido de carbono y contribuyen, de manera natural, al calentamiento global. Sin embargo, al cabo del año emiten menos del 1 % del total de emisiones de CO2 que contaminan la atmósfera, siendo la actividad humano la gran emisora.

No hay un consenso científico global sobre cambio climático

Más del 97 % de la comunidad científica afirma que el cambio climático es una realidad y que es acelerado peligrosamente por la acción del ser humano. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) es un grupo formado por dos mil científicos de todo el mundo e independiente de gobiernos o empresas que desde hace más 25 años valora y publica investigaciones sobre el cambio climático y las posibles soluciones de mitigación y adaptación. Sus resultados reflejan sin lugar a dudas la incidencia del hombre en el calentamiento global.

El cambio climático es un proceso natural del planeta

La Tierra está en constante cambio desde su formación y ha pasado por diferentes eras como las glaciaciones, entre otras. No obstante, estos cambios necesitan miles de años para hacerse patentes, y el actual aumento de la temperatura media del planeta desde la época preindustrial (1,1 grados centígrados) está sucediendo con una celeridad que no se corresponde con los ciclos naturales del planeta.

Los efectos tardarán mucho en notarse, ni nuestros hijos los padecerán

En la década de 1970, cuando el cambio climático comenzó a cobrar relevancia científica y social, se afirmaba que sus efectos se empezarían a notar pasados varios siglos. Sin embargo, en apenas cuarenta años, la subida de las temperaturas es más que patente: los nueve años más calurosos de la historia desde que se tienen registros (1880) han sucedido en los últimos trece años, y desde 2014, cada nuevo año ha batido el récord de temperatura del año precedente.

Además, el calentamiento global ya está teniendo efectos palpables como el aumento del nivel del mar, la acidificación de los océanos, el aumento de la probabilidad de los desastres naturales como huracanes, incendios e inundaciones, entre otros. Asimismo, provoca refugiados climáticos, la destrucción de la flora y la fauna y, a la postre, de los sistemas económicos.

Se trata de un cambio ciclo solar como los que ha habido en otras épocas

Efectivamente existen épocas en las que la incidencia del sol sobre la Tierra es de mayor o menor intensidad. Sin embargo, desde hace 35 años nos encontramos en una ciclo de menor perturbación solar, a pesar de lo cual el calentamiento global ha ido en aumento.

Que aumente la temperatura media un par de grados no es perjudicial

Basándonos en nuestra percepción de la temperatura, y teniendo en cuenta que en un mismo día puede ser habitual que nos enfrentemos a cambios bruscos de hasta 20 grados, podría no parecer un gran problema que los termómetros aumentaran una media de dos puntos. Sin embargo, esa mínima diferencia para nosotros sería devastadora para la agricultura, la flora, los océanos, y las especies de insectos y animales cuya supervivencia está regulada al milímetro por las condiciones climatológicas. De hecho, un importante porcentaje de la biodiversidad planetaria lo está sufriendo ya.

Es el caso del mosquero, un ave originaria de Países Bajos cuyas crías nacían a la vez que eclosionaban las orugas, su principal alimento. Al subir las temperaturas, las orugas adelantan su salida del huevo medio mes y el mosquero ya no encuentra alimento, de manera que su población ha menguado en un 90 %.

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